Como parte de la campaña «Desafiemos las desigualdades», mujeres afrodescendientes que integran la comunidad universitaria reflexionaron sobre distintos aspectos de la desigualdad étnico-racial dentro de la Universidad de la República (Udelar).
Esta campaña es una iniciativa de la Mesa de Afrodescendencia y la Comisión Abierta de Equidad de Género, en el marco del Mes de la Afrodescendencia en Uruguay. La propuesta incluye entrevistas a cinco mujeres de la población afro: docente, estudiante, egresada y funcionarias Técnico Administrativo y de Servicios (TAS) de la Udelar.
Para la difusión de la campaña «Desafiemos las desigualdades» se eligió el 25 de julio, ya que en esta fecha se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora. La iniciativa es parte de la articulación de acciones emprendidas en materia de afrodescendencia por la institución y forma parte de lo que implica la declaración de «Universidad Antirracista» en 2023. Busca visibilizar e identificar el racismo institucional en la Udelar a través de entrevistas que aporten datos y relatos y contribuyan a entender cómo opera la blanquitud en la institución y llamen a la reflexión y a la acción para el cambio urgente y necesario, contribuyendo a la erradicación del racismo en todas sus formas de expresión.
«Miradas históricamente relegadas»
Una de las entrevistadas fue Naomi Liste, de 23 años, que vive en el barrio Buceo de Montevideo y es estudiante desde 2023 en la Facultad de Psicología. Naomi es primera generación de universitarios en su familia y uno de sus objetivos es «permanecer en la Universidad, dejar una marca tal vez, considerando que soy una mujer afrodescendiente».
En cuanto a cómo se siente habitar día a día las aulas Naomi señaló que «pertenecer a la población afro hace que hoy habite la Udelar con mucho orgullo». Entiende que aunque existe una idea en el imaginario social, que permea a todos los uruguayos y uruguayas, de que el racismo ya no está presente, eso no es así, «se manifiesta de forma muy sutil e invisibilizada, muchas personas con mi mismo color de piel no pudieron llegar a la Universidad, no porque no tengan capacidades o méritos propios, sino porque hay un sistema que no se lo permite». De hecho, al recorrer los pasillos de su Facultad se ven muy pocas personas afrodescendientes, tanto estudiantes como docentes, solo este año se encontró con una sola docente afro, «es difícil entonces proyectar mi futuro sabiendo que hay tan pocas personas con las cuales identificarme, eso me genera un peso enorme: el no poder encontrar un ejemplo bien claro».
Algo similar sucede con las bibliografías que se trabajan en la carrera, «la realidad es que en la Facultad no están presentes muchos autores afrodescendientes y mucho menos que se centren en el tema étnico-racial». En los primeros años de la carrera se trabaja la interseccionalidad y en este marco, se ven escasos conceptos vinculados al tema; otros se tratan con poca presencia en la bibliografía utilizada, sin profundidad. Se estudian autores como Freud, Lacan, Foucault, pero no con perspectiva afrodescendiente. Aunque se manejan algunos contenidos sobre racialidad, «se abordan desde un paradigma de la blanquitud, desde un simple relevamiento de datos. Creo que se deberían incorporar conocimientos producidos por autoras y autores afrodescendientes con otras miradas que fueron históricamente relegadas».
Asimismo, es escasa la oferta académica de seminarios optativos o prácticas que tengan que ver con la afrodescendencia. Desde que Naomi ingresó a la Facultad, en 2026 es el primer año que puede aprender sobre la temática ya que por primera vez se ofreció un curso en el Servicio Especializado en Atención psicológica a personas víctimas de Discriminación Racial (SEADR)
En cuanto a los cambios urgentes que considera que debe hacer la Udelar para dejar de ser un espacio predominantemente «blanco» y convertirse en una Universidad verdaderamente antirracista, destacó la necesidad de que haya una real representación de docentes y estudiantes, en la actualidad el porcentaje de docentes afrodescendientes es del 1%, y en el caso de los estudiantes, es del 5.3, cuando la población afro uruguaya representa el 10,6% del total. «También me parece interesante que las personas afro podamos vernos representadas en las bibliografías, que se incluya la perspectiva étnico-racial, porque es una problemática que nos incumbe a todos, no solo a las personas racializadas», resaltó.
Respecto a las situaciones de discriminación racial en su trayectoria educativa respondió que en la Udelar no sufrió este tipo de hechos de forma explícita, porque justamente el racismo no se manifiesta solo de esta forma. «A veces te discriminan con pequeños gestos, estereotipos, la ausencia de perspectivas afro», resaltó.
En cambio, al transitar la educación primaria y secundaria, especialmente en esta última, atravesó varias situaciones de discriminación. En la escuela intentaba planchar y arreglar su cabello de mil formas para moldearse a la sociedad, no ser vista como desprolija, evitar prejuicios, encajar mejor. Entretanto, en secundaria a los profesores les sorprendía que hiciera aportes; «incluso me dijeron: ¡Wow, me sorprende lo inteligente que sos!, algo que no le decían a un compañero blanco», resaltó. Entiende que es quizás por eso que asume de continuo un gran esfuerzo como forma de merecimiento, «tengo que esforzarme el doble para afirmar el lugar al que llegué, esto es un desgaste tremendo y en la sociedad en general todo eso pasa desapercibido o se invisibiliza».

Una desigualdad que replica la de la sociedad
Otra de las entrevistadas fue Valentina Febrero, de 28 años, Licenciada en Ciencias Antropológicas, egresada de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Udelar, máster por la Universidad de Sevilla y docente universitaria en la Universidad CLAEH.
Señaló que en su caso contó con una familia que pudo acompañar su trayectoria educativa e impulsarla, eso le permitió cursar la carrera universitaria bastante rápido: comenzó en 2016, egresó en 2020 y entregó la tesis de posgrado en 2022. «Pero esa no es la realidad de otras compañeras». «La diferencia en mi carrera, la hizo mi ingreso temprano, cuando todavía era estudiante, a un equipo de investigación de la FHCE, el Laboratorio de Arqueología del Paisaje y Patrimonio del Uruguay (LAPPU) y allí comencé a participar en proyectos de investigación como docente Grado 1. Esto me permitió integrarme a una dinámica de trabajo de investigación, construir redes, y trabajar con mis referentes».
En cuanto a las estrategias que utilizó para sostener su trayectoria universitaria en un entorno con tan poca representatividad afro, coincidió con Naomi en que lo más dificultoso fue la falta de referencias, tanto dentro del cuerpo docente como en las bibliografías y en el abordaje breve que se hace de la perspectiva étnico-racial afrocentrada. Entiende que este enfoque debería presentarse de manera transversal a lo largo de la carrera, por ejemplo, en la currícula con la incorporación de autores y autoras afro, como forma de ampliar la mirada de la Antropología.
Reconoce que el número de autores que se estudian en la carrera ha ido en aumento en los últimos años debido al ingreso de estudiantes afro, su participación en cursos de educación permanente, y la incorporación en la currícula de las propias producciones de estos estudiantes. «También se viene incorporando la temática en los programas, en investigaciones y desarrollo de proyectos, todo eso va haciendo la diferencia. Por eso la financiación es fundamental, sin recursos no es posible desarrollar proyectos de investigación, entre ellos, los que se habilitan a través de grupos I+D de CSIC, en ese caso fue lo que me permitió desarrollar mi tesis de maestría, mi investigación. Es necesario mejorar este aspecto, la pluralidad en la producción de conocimiento que siempre enriquece».
Para Febrero, la división racial y de género que se vive en la Universidad se replica en el campo laboral profesional en Uruguay, según muestran los datos más actualizados del censo, vinculados con los ámbitos y rubros en que se desempeñan y asignan a las personas afro. También se ve en la tasa de desempleo y en la pobreza de las infancias afro, que es de un 46%.
En cuanto a los soportes necesarios para revertir esas desigualdades, recordó que recientemente se realizó un encuentro de estudiantes y egresados afro y entre los emergentes se manifestó el tema de transcurrir la trayectoria educativa en solitario y la necesidad de tender redes y lazos con otras personas afro, incluso de diferentes facultades, «compartir tu trayectoria, tu experiencia, tus vivencias con cierto entendimiento, y recién ahora lo pudimos poner en palabras».
Entiende que campañas como esta, basadas en datos y relatos explícitos (con nombres y apellidos), son muy importantes para transformar la realidad en las futuras generaciones de mujeres que ingresan a la Universidad, «hay que ponerle cuerpo al asunto, nombre y apellido, es muy importante no quedar en el anonimato, sino hacerse visible para generar referencia, proyección, para que las estudiantes sepan a qué lugares pueden aspirar al tener como referencia personas que ya han desarrollado su trayectoria».
