Pablo Messina
Departamento de Economía
En 1958, Alberto Methol Ferré sostuvo que la creación de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración tuvo como fundamento la formación de cuadros técnicos para que el Estado pudiera administrar el sistema de cambios múltiples. La cronología jugaba a su favor: en 1931 se creó el sistema de cambios múltiples y al año siguiente, nuestra facultad. Paradójicamente, es posible afirmar que el desmantelamiento de esa misma política cambiaria también requirió del saber técnico que la facultad fue desarrollando en todo ese tiempo. En particular, de quiénes fueron perfilándose como economistas, proceso que se consolidó recién con el Plan de 1966.
El 3 de agosto de 1956, el Poder Ejecutivo dictó un decreto que intentó desmontar parcialmente el complejo sistema de cambios múltiples que se había construido en Uruguay desde la década de 1930. Si bien no se trató de una liberalización total, el nuevo decreto significó un primer intento serio de pasar de un régimen de tipo de cambio administrado a uno más cercano a la libre flotación de la moneda.
Lo que hace particularmente interesante esta fecha no es únicamente la medida económica, sino el cambio político e intelectual que representa. Hasta entonces, el manejo del tipo de cambio estaba dominado por una lógica administrativa donde primaban los permisos, los cupos y un conjunto amplio de intervenciones (Zurbriggen, 2006). Sin embargo, a mediados de la década de 1950 este esquema presentaba claros signos de agotamiento, con desequilibrios externos crecientemente grandes.
Lo notable es que el decreto del 3 de agosto estuvo estrechamente vinculado al trabajo de un grupo de economistas del entonces Instituto de Teoría y Política Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República. Poco tiempo después, desde ese Instituto se publicó un documento de trabajo con las exposiciones de Luis Faroppa, Enrique V. Iglesias e Israel Wonsewer donde se presentan los fundamentos analíticos de la propuesta: El nuevo régimen cambiario del Uruguay: fundamentos, objetivos y efectos (Faroppa et al, 1956).
Desde la historia intelectual, este episodio no se agota en una medida de política de liberalización cambiaria. En primer lugar, es el primer momento en que los economistas de la Universidad de la República, en tanto tales, participan directamente en una decisión relevante de política económica. Se trata de un momento fundante de lo que la literatura internacional define como el "ascenso de los economistas", para el caso uruguayo, y da inicio a un desplazamiento lento pero decidido de otros saberes expertos, como el de los abogados o los contadores (Markoff y Montecinos, 1994).
La conformación del equipo técnico sugiere la existencia de una suerte de consenso técnico de los expertos de la facultad más allá de que tenían afinidades político-partidarias distintas: Faroppa (Partido Colorado), Iglesias (Partido Nacional) y Wonsewer (Partido Socialista). Faroppa fue uno de los primeros egresados de la facultad; Wonsewer realizó estudios de posgrado en la London School of Economics; e Iglesias era, ya entonces, un joven economista muy destacado.
En segundo lugar, el decreto y la formulación de la propuesta dan cuenta también de la creciente influencia de la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) en Uruguay. Ya desde 1950, con la Tercer Período de Sesiones de la CEPAL realizado en Montevideo, las ideas cepalinas circulaban con fuerza en el país, y a partir de la década de 1960, con la experiencia de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE), tuvieron su momento de auge, con una participación decisiva de la facultad (Garcé, 2002; Messina, 2025).
Para finalizar, cabe destacar que el decreto del 3 de agosto tuvo una corta duración como política cambiaria. Las tensiones propias de todo proceso de liberalización cambiaria -con sus ganadores y sus perdedores- recién pudieron resolverse con la Reforma Monetaria y Cambiaria de 1959, que estableció un régimen de cambio libre.
Sin embargo, para la necesaria construcción de una Historia del Pensamiento Económico Uruguayo, indagar en este antecedente resulta importante para conocer mejor el vínculo entre economistas y política, así como la construcción de nuestra disciplina. En ese sentido, el decreto constituye un episodio dentro de una serie de acontecimientos más amplios que contienen a la experiencia de la CIDE, del Plan Nacional de Desarrollo, la Comisión Nacional Programática (CONAPRO), entre muchos otros en los que los economistas aparecen como protagonistas relevantes.
Bibliografía
Faroppa, L. A., Iglesias, E. V., y Wonsewer, I. (1956). El nuevo régimen cambiario del Uruguay: fundamentos, objetivos y efectos (Instituto de Teoría y Política Económicas, N.º 9). Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República.
Garcé, A. (2002), Ideas y competencia política en Uruguay (1960-1973). Revisando el "fracaso" de la CIDE, Trilce.
Markoff, J. y Montecinos, V. (1994), El irresistible ascenso de los economistas, Desarrollo Económico, 34(133), pp. 3-29.
Messina, P. (2025). Los economistas dependentistas en Uruguay [Tesis doctoral, Doctorado en Ciencias Sociales, opción Historia Económica, Universidad de la República]. Colibrí. https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/53993/1/TD_MessinaPablo.pdf
Methol Ferré, A. (1958). ¿A dónde va el Uruguay? Tribuna Universitaria, (6-7), 136-173.
Zurbriggen, C. (2006). Estado, empresarios y redes rentistas durante el proceso sustitutivo de importaciones: Los condicionantes históricos de las reformas actuales. Ediciones de la Banda Oriental.
