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Encuentro Internacional AENL: académicos y autoridades debatieron sobre desarrollo territorial, producción e inclusión

Julieta Aparicio

Adrián Rodriguez

Entre el 9 y el 11 de setiembre de 2026 se realizó en Montevideo el Encuentro Internacional de la Asociación de Economistas de Lenguas Neolatinas (AENL), co-organizado con la Universidad de la República, en particular, la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) y el Núcleo Interdisciplinario de Desarrollo Territorial Sostenible (NIDTS- EI). El encuentro reunió a investigadores de distintos países y a colegas uruguayos en torno a los desafíos actuales del desarrollo económico, productivo y territorial. Las jornadas ofrecieron un espacio especialmente rico de debate e intercambio, con una muy buena participación de estudiantes y docentes de la Universidad, así como de actores vinculados a las políticas públicas.

Día 1 - Miércoles 9 de setiembre

La universidad y el territorio: diez años de formación para el desarrollo inclusivo

En el marco del Encuentro Internacional de la Asociación de Economistas de Lenguas Neolatinas (AENL), la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA-Udelar) inauguró las celebraciones por los 10 años del Posgrado en Economía y Gestión para la Inclusión (EGI). Con la participación de académicos internacionales, autoridades nacionales y representantes departamentales, la jornada abordó el rol de la educación superior en las políticas públicas, la descentralización y los desafíos de la competitividad territorial.

El hito de alcanzar una década de trayectoria sirvió como espacio de balance y proyección estratégica para la comunidad universitaria. La actividad, desarrollada en una jornada institucional dedicada a la reflexión sobre inclusión y compromiso social, reunió a un panel multidisciplinario para debatir cómo la formación académica impacta de forma directa en el diseño institucional y en las dinámicas productivas del país.

El encuentro fue presentado por Sebastián Goinheix (Coordinación del Posgrado EGI) y moderado por Adrián Rodríguez Miranda (FCEA y Núcleo Desarrollo Territorial Sostenible del EI).

Un balance de impacto: de la aula a los espacios de decisión

Durante la apertura se subrayó que las celebraciones de aniversario constituyen una oportunidad para constatar la viabilidad de un proyecto académico y proyectar nuevos desafíos hacia el futuro. En ese sentido, se destacó que el Diploma en Economía y Gestión para la Inclusión ha cumplido su objetivo fundacional de construir capacidades técnicas y analíticas en los territorios.

Un indicador clave de esta evolución es el rol de sus egresados: profesionales que integraron las primeras cohortes hoy ocupan posiciones de responsabilidad en organismos públicos y gobiernos locales, participando directamente en el diseño y ejecución de estrategias de desarrollo. Asimismo, se resaltó la coincidencia temporal con los 10 años de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), institución que ha apoyado al programa desde sus inicios y que hoy cuenta entre sus directivos y técnicos con graduados del posgrado.

La jornada incluyó un reconocimiento especial al equipo docente pionero y al personal de gestión del Centro de Posgrados de la FCEA que cimentó el proyecto. Como horizonte académico de cara a los próximos años, se anunció que se trabaja institucionalmente para dar el salto cualitativo hacia la creación de una futura Maestría.

Mirada internacional: desarrollo local, salarios y la «Tercera Misión»

El aporte teórico internacional estuvo a cargo del profesor Gioacchino Garofoli (AENL y CRIEL-Universidad de Insubria, Italia), quien profundizó en la necesidad de consolidar la «Tercera Misión» universitaria: la vinculación directa de la academia con las empresas, el trabajo y los problemas del entorno territorial.

Garofoli abogó por modelos de desarrollo basados en pequeñas y medianas empresas orientadas a la calidad, la diferenciación y la innovación, contraponiéndolos a la estandarización global. En su intervención, cuestionó las estrategias de competitividad sustentadas en la reducción de costos laborales y sostuvo que los salarios altos actúan como un verdadero motor del desarrollo, al presionar a las empresas a incrementar sus niveles de eficiencia e innovación. Para articular estos procesos, instó a afianzar un diálogo trilateral permanente entre el sector público, el sector privado y los centros de investigación.

Herramientas públicas y capacidades endógenas

Desde la perspectiva del Poder Ejecutivo, Ximena Cidrás, Directora de DINAPYME (MIEM), expuso la estrategia de segmentación de herramientas de fomento productivo que contempla las particularidades regionales, culturales y sociales del país. Cidrás definió a la universidad como un socio territorial clave capaz de aportar rigor técnico, mediación con el sector empresarial y evaluación de impacto, ilustrando su rol con experiencias de reconversión e innovación tecnológica en cooperativas agrarias impulsadas por jóvenes profesionales.

Por su parte, Alejandra González, responsable de Desarrollo Territorial de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), enfatizó el valor de las políticas de descentralización y el otorgamiento de becas como una estrategia clave para la formación de capacidades endógenas. En esa línea, destacó el efecto multiplicador que produce la presencia universitaria en el interior del país, dinamizando no solo el ámbito educativo, sino también el empleo, la oferta cultural y la consolidación del tejido social.

González subrayó que la capacitación de cuadros técnicos ha dado frutos concretos, permitiendo que profesionales formados en sus propias regiones lideren hoy las direcciones de desarrollo en los gobiernos departamentales. Asimismo, resaltó la consolidación del piso del 3% del Fondo de Desarrollo del Interior (FDI) destinado a proyectos productivos locales y enfatizó la necesidad de dotar de continuidad a estas capacidades técnicas más allá de los ciclos políticos.

La transformación de los territorios: el caso de Paysandú

El impacto concreto en las comunidades locales fue abordado por el Intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, quien describió la reconversión de su departamento. Olivera detalló el pasaje de una matriz productiva históricamente basada en la industria fabril tradicional (textil, aceiteras, azucareras) hacia un modelo centrado en la economía del conocimiento y la educación superior, con el impulso de Udelar, UTEC y UTU.

El jefe departamental subrayó que Paysandú registra hoy la mayor matrícula universitaria del país fuera de Montevideo, acompañada por obras de infraestructura como la construcción del nuevo campus universitario. Remarcó que los estudios de impacto demuestran que la inversión pública en la universidad genera un efecto multiplicador en la economía local, el empleo y el capital humano, citando alianzas entre el sector privado y las instituciones educativas —como el desarrollo de procesos industriales entre Azucarlito y la UTEC— como ejemplos de esta transformación.

Estrategia nacional y los desafíos tecnológicos

En representación de la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), Diego García da Rosa analizó la matriz institucional uruguaya, caracterizada por la coexistencia de una estructura centralizada y la necesidad de ejecutar respuestas locales. García da Rosa planteó que la universidad aporta en tres dimensiones fundamentales: la formación de talento individual, el fortalecimiento de capacidades colectivas para el acuerdo territorial y la capacitación del gobierno central para comprender las dinámicas locales. Asimismo, instó a territorializar la Estrategia Nacional de Desarrollo para evitar profundizar las brechas regionales.

En el tramo final del debate, panelistas y asistentes abordaron el avance de la Inteligencia Artificial. Coincidieron en que las nuevas tecnologías deben aplicarse de manera crítica y orientarse a la resolución de problemas productivos específicos de cada territorio, priorizando la innovación a medida por sobre la adopción pasiva de soluciones estandarizadas.

El encuentro concluyó con testimonios de egresados de la primera cohorte del posgrado, quienes compartieron sus experiencias de transformación personal y profesional, reafirmando que la educación superior constituye el pilar estructural para alcanzar un desarrollo con equidad en el país.

Día 2 - Jueves 10 de setiembre

Sesión 1: Desarrollo económico comparado: políticas de desarrollo industrial para la autonomía económica de los territorios y países

Durante la segunda jornada del Encuentro Internacional AENL en Montevideo, las exposiciones abordaron el desarrollo económico comparado, las políticas de industrialización, los condicionantes macroeconómicos y el rol transformador de la banca multilateral en América Latina y Europa.

La primera sesión se centró en los obstáculos estructurales y macroeconómicos que condicionan el desarrollo industrial en América Latina, combinando modelos teóricos, evidencia econométrica y comparaciones históricas.

En primer lugar, André Nassif trazó un diagnóstico de los últimos veinticinco a cuarenta años de la economía brasileña, caracterizado por un estancamiento en el crecimiento del PIB, baja productividad laboral, un proceso acelerado de desindustrialización prematura y la reprimarización de su canasta exportadora. Al evaluar las políticas industriales aplicadas desde la década de 2000, Nassif argumentó que el fracaso relativo de estos programas no respondió a deficiencias en su diseño institucional o falta de enfoque en innovación, sino al descompasamiento con el marco macroeconómico de Brasil. El llamado trípode macroeconómico, compuesto por metas de inflación rígidas, altas tasas de interés reales y una apreciación cambiaria volátil, neutralizó los incentivos industriales. Como propuesta, defendió un régimen macroeconómico con metas de inflación de doble mandato orientadas al empleo y al crecimiento, un horizonte temporal de tres a cinco años, mayor flexibilidad fiscal para la inversión verde y una flotación administrada del tipo de cambio para prevenir sobreapreciaciones.

A continuación, Jorge Carrera analizó la restricción externa de la economía argentina desde la perspectiva de su posición de inversión internacional. Planteó una marcada dicotomía entre el ámbito público y el privado, donde el Estado padece un severo endeudamiento en moneda extranjera mientras el sector privado residente acumula un elevado volumen de activos externos netos fuera del sistema a través de la fuga de capitales y activos offshore. A través de un análisis econométrico basado en paneles de economías en desarrollo, Carrera expuso que las devaluaciones reales del tipo de cambio tienden a reducir la relación entre deuda y PIB. Asimismo, observó que el incremento de la desigualdad muestra una correlación positiva con un mayor endeudamiento público y con mayores flujos de activos privados hacia el exterior, y que la apertura o desregulación financiera amplifica estos desequilibrios al facilitar la concentración y salida de capitales por parte de los sectores de mayores ingresos.

Por su parte, Fernando Isabella articuló los enfoques de Variedades de Capitalismo con las metodologías de la economía de la complejidad al presentar el indicador Scatarness, concebido para medir la distancia promedio entre los pares de bienes en los que un país posee Ventajas Comparativas Reveladas y evaluar así la dispersión o concentración de las capacidades productivas. Analizando series históricas globales de 1962 a 2017, demostró que las Economías Coordinadas de Mercado concentran sus trayectorias tecnológicas en sectores estrechamente vinculados, registrando un menor Scatarness, mientras que las Economías Liberales de Mercado presentan una mayor dispersión productiva. En el caso latinoamericano, las reformas de los años noventa empujaron a la región hacia un patrón de variedad de capitalismo periférico, reprimarizado y homogéneo, con escasa flexibilidad de innovación agregada.

Posteriormente, Gabriel Porcile presentó un análisis histórico y formal del desempeño divergente de Uruguay y Suecia entre 1870 y 1949, período en el cual ambas naciones iniciaron con niveles de desarrollo socioeconómico similares. Mediante un modelo macroeconómico post-keynesiano y kaleckiano de economía abierta con conflicto distributivo, comparó ambas trayectorias. Destacó cómo en la trayectoria nórdica sueca la articulación entre cambio estructural, diversificación productiva y políticas redistributivas generó un ciclo virtuoso de crecimiento, aumentos en el salario real y superación de la restricción externa. Por el contrario, en la trayectoria truncada de Uruguay, la falta de diversificación productiva más allá del sector agroalimentario provocó estrangulamientos recurrentes en la balanza de pagos que terminaron impidiendo la sostenibilidad del bienestar distributivo y frenando su proceso de convergencia.

Cerrando la primera parte, Luis Bértola encabezó un diálogo enfocado en los problemas estructurales del desarrollo uruguayo, señalando que el país padece un bajo crecimiento potencial, problemas persistentes de convergencia y volatilidad en sus políticas productivas. Cuestionó el uso indiscriminado de renuncias fiscales e incentivos tributarios como eje central de la política industrial debido a la carencia de un direccionamiento estratégico claro. Asimismo, repasó los esfuerzos de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y la Agencia Nacional de Desarrollo junto a sindicatos, la academia, el sector empresarial y la ONU para coordinar una Estrategia Nacional de Desarrollo a largo plazo, destacando entre los principales desafíos la persistente fragmentación interinstitucional y la falta de un acoplamiento real entre el sistema científico-tecnológico y la política macroeconómica.

Sesión 2: Los bancos de desarrollo y su papel para el futuro: un análisis comparado entre Europa y América Latina

La segunda sesión contrapuso las experiencias y visiones operativas de instituciones financieras multilaterales y subregionales de América Latina y Europa en torno al financiamiento del desarrollo y la transición ecológica.

En este bloque, Nicole Perelmuter detalló las limitantes estructurales de las Políticas de Desarrollo Productivo en la región, mencionando que dos tercios de los países latinoamericanos dividen sus esfuerzos de gasto productivo entre cinco y seis ministerios sin suficiente articulación, sumado a que solo un bajo porcentaje de los mecanismos de coordinación operan a nivel territorial subnacional. Frente a la baja profundidad financiera regional en comparación con los mercados asiáticos, instó a modificar el rol de la banca multilateral pasando de una lógica de productos hacia una lógica de funciones orientada a absorber riesgos y catalizar inversiones privadas. Como ejemplo práctico, resaltó el fideicomiso CAFAM impulsado por la CAF en Uruguay, el cual logró encauzar fondos de previsión social hacia infraestructura crítica como el Ferrocarril Central.

A continuación, Carmen Feijó abordó el financiamiento del desarrollo en la periferia ante el reto del cambio climático, explicando que la transición ecológica exige una reestructuración productiva que desplace capital desde sectores contaminantes hacia actividades sostenibles bajo escenarios de alta incertidumbre. Feijó contrapuso el Convenio Liberal o Consenso de Wall Street, basado en la evaluación privada de riesgo-retorno y en esquemas de derisking público que mantienen el financiamiento atrapado en inversiones conocidas e insostenibles a corto plazo, con el Convenio de Desarrollo Sostenible de enfoque keynesiano, donde el Estado y la banca de desarrollo actúan como coordinadores estratégicos que guían las expectativas de largo plazo y reducen la incertidumbre impulsando la inversión privada. Finalmente, destacó innovaciones brasileñas como la emisión de títulos soberanos sostenibles en el exterior para capitalizar el Fundo Clima del BNDES en moneda local, donde el Tesoro asume el riesgo cambiario para abaratar los préstamos locales, junto al programa Eco Invest Brasil.

Por su parte, María Vargas presentó al Banco Europeo de Inversiones como el brazo financiero público de la Unión Europea y el mayor emisor multilateral de bonos verdes. Explicó la implementación de la agenda Global Gateway en América Latina y el Caribe, orientada a financiar prioridades consensuadas regionalmente en materia de transición energética, transporte sostenible, agua potable, tratamiento de residuos y el desarrollo de cadenas de valor para materias primas críticas como el litio, el cobre y el níquel, enfocándose en la industrialización local y la agregación de valor más allá de la mera extracción. Entre las iniciativas operativas en marcha, destacó el programa de Agua y Océanos Limpios en el Caribe, la electrificación ferroviaria en Costa Rica y las subestaciones eléctricas en Paraguay cofinanciadas con el BID.

El encuentro culminó con un debate y mesa de discusión final. Durante esta instancia, Gioacchino Garofoli recalcó la importancia de que el financiamiento internacional responda a proyectos gestados desde los territorios y las PYMES, previniendo que los fondos se diluyan en esquemas financieros especulativos o desvinculados del tejido productivo local. El intercambio general profundizó además en la necesidad de revisar las condicionalidades asociadas a los créditos de desarrollo, analizó históricamente el rol del BNDES en Brasil y concluyó sobre la urgencia de alinear la política monetaria con los objetivos de inversión productiva y descarbonización.

Conferencia magistral de Gioacchino Garofoli

Crecimiento no es desarrollo: las lecciones de la trayectoria italiana para Europa y América Latina

En el marco del Encuentro Internacional de la Asociación de Economistas de Lenguas Neolatinas, celebrado en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, el destacado economista italiano Gioacchino Garofoli dictó la conferencia magistral “Desarrollo y crisis de la economía italiana: lecciones para Europa y América Latina”. Dedicada a la memoria del profesor José «Pepe» Arocena, la disertación ofreció un riguroso recorrido por los últimos ochenta años de la historia económica de Italia con el objetivo de desmitificar las recetas del crecimiento puramente cuantitativo, cuestionar la gobernanza financiera europea y proponer un modelo de desarrollo endógeno basado en la calidad, la innovación y los salarios altos.

Al iniciar su exposición, el profesor Garofoli remarcó la importancia metodológica de abordar los fenómenos económicos desde una perspectiva histórica de largo plazo. Un análisis que abarque décadas permite identificar los verdaderos determinantes del desarrollo, medir el impacto real de las políticas públicas y poner al descubierto las contradicciones entre los objetivos declarados y los resultados efectivamente alcanzados por los gobiernos. En este marco, el catedrático enfatizó la distinción tajante que debe trazarse entre el mero crecimiento económico y el desarrollo integral. Mientras que las tasas promedio de expansión anual tienden a ubicarse históricamente en torno al uno por ciento, los picos extraordinarios de crecimiento suelen responder a procesos excepcionales de reconstrucción tras guerras o catástrofes, o bien a las fases iniciales de transición estructural desde sectores de baja productividad hacia la industria. Por lo tanto, el verdadero desarrollo no consiste en la acumulación cuantitativa del producto, sino en la transformación cualitativa del tejido productivo y social de una nación.

Al repasar la evolución de la Italia de posguerra, Garofoli describió las distintas etapas que atravesó la economía de su país. El denominado «milagro económico» de los años cincuenta y sesenta estuvo sustentado en condiciones externas altamente favorables —como el inicio de la integración europea y términos de intercambio ventajosos para las manufacturas— junto con un modelo de gran empresa orientada a la exportación masiva y salarios relativamente bajos. Sin embargo, esta estructura mostró sus límites durante la década de 1970 ante el estancamiento de la demanda interna y el impacto de las crisis internacionales. La respuesta inicial del Estado italiano fue recurrir a devaluaciones competitivas, una estrategia que desencadenó espirales inflacionarias sin solucionar los problemas de fondo de la productividad.

La verdadera reconversión virtuosa de la economía italiana llegó en la década de 1980 de la mano de los llamados distritos industriales, caracterizados por redes de pequeñas y medianas empresas fuertemente articuladas en sus territorios. Este modelo basó su ventaja competitiva no en el recorte de costos ni en la precarización laboral, sino en la diferenciación de producto, el diseño, la flexibilidad y la constante innovación tecnológica. Paradójicamente, la apreciación del tipo de cambio real durante dicho periodo obligó al sector empresarial a realizar inversiones de calidad para mantenerse en los mercados mundiales, demostrando que la exigencia económica puede actuar como un dinamizador de la eficiencia.

Sin embargo, la trayectoria positiva de los distritos industriales comenzó a erosionarse a partir de la década de 1990 con la firma del Tratado de Maastricht, la desregulación de los flujos financieros y la posterior adopción del euro. Según analizó Garofoli, las estrictas reglas fiscales y monetarias impuestas en el continente provocaron que las políticas públicas abandonaran las variables económicas reales —como la inversión productiva, el empleo, los salarios y la demanda interna— para concentrarse casi de manera exclusiva en metas financieras de corto plazo relacionadas con el déficit y la deuda pública. Como consecuencia de esta lógica, muchas firmas optaron por la deslocalización y la competencia basada en la reducción de costos, desmantelando la cohesión y las capacidades comunitarias que alimentaban a los sistemas locales de producción. A esto se sumó una drástica caída de la participación del trabajo en el ingreso nacional, lo que deprimió el mercado interno europeo, espacio del cual proviene el noventa por ciento de la demanda del continente.

Durante la sesión de intercambio con el público, Garofoli abordó diversos temas de crucial actualidad para Europa y América Latina. Al ser consultado sobre el reciente Informe Draghi, el expositor afirmó que sus recomendaciones llegan con décadas de retraso y cuestionó fuertemente su propuesta de retornar al impulso de las grandes corporaciones, recordando que la evidencia histórica demuestra que el gran tamaño no es sinónimo de eficiencia y que fueron las pequeñas y medianas empresas las que sostuvieron la innovación en los momentos de crisis. Asimismo, explicó que el auge de los movimientos populistas en el Viejo Continente encuentra su caldo de cultivo en regiones desindustrializadas y relegadas por la globalización, donde el estancamiento económico y las promesas incumplidas generaron una profunda fractura social.

En relación con América Latina, el economista advirtió sobre los graves riesgos de articular la inserción internacional únicamente en función de la extracción y exportación de materias primas y minerales estratégicos como el litio. Este tipo de inversiones de enclave suele generar escasos encadenamientos locales, provoca severos impactos ambientales y consolida una estructura productiva reprimarizada y dependiente. Como conclusión de su disertación, Garofoli defendió un modelo de desarrollo endógeno y participativo donde los salarios elevados funcionen como el principal incentivo para forzar la innovación empresarial, respaldado por una fuerte inversión pública en educación y salud, el fortalecimiento de la economía cooperativa y la consolidación de la soberanía económica en los territorios.

Día 3 - Viernes 11 de setiembre

Sesión 3: El acuerdo Mercosur y UE: posibles implicaciones

Durante la tercera y última jornada del Encuentro Internacional AENL, celebrada en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República en Montevideo, las discusiones se articularon en torno a las implicaciones del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, así como a los retos del desarrollo territorial sustentable, la transición ecológica y los sistemas de innovación regional.

En el primer bloque dedicado al acuerdo marco entre la Unión Europea y el Mercosur, Cristina Pensa situó el tratado en un contexto de creciente competencia geopolítica internacional y estancamiento de los mecanismos multilaterales de la OMC. Señaló que el libre comercio se encuentra condicionado por medidas proteccionistas y que este acuerdo representa un espacio estratégico para asegurar cadenas de suministro de materias primas críticas e impulsar las transiciones digital y energética, favoreciendo a países como Italia y Alemania en el acceso preferencial a mercados sudamericanos para bienes industriales.

Por su parte, Gabriele Orcalli repasó la evolución del debate comercial europeo, destacando cómo se ha incorporado la sostenibilidad de forma central a través de las exigencias ambientales del Green Deal. Advirtió sobre el riesgo de que estas exigencias actúen como un proteccionismo encubierto frente a las importaciones agrícolas y abogó por un esquema de corresponsabilidad donde la Unión Europea colabore en el financiamiento de la transición ecológica en el Mercosur en lugar de aplicar un imperialismo ontológico.

En cuanto a la dimensión jurídica, Sandra Negro analizó la estructura del tratado y el mecanismo de desdoblamiento o splitting utilizado para acelerar la entrada en vigor del pilar comercial. Enfatizó que el acuerdo introduce disciplinas que van más allá de la OMC y remarcó que el principal desafío para el Mercosur no reside en el calendario de desgravación arancelaria, sino en la adaptación regulatoria interna y en la capacidad institucional para gestionar aspectos como la propiedad intelectual y los controles aduaneros.

Para cerrar el análisis comercial, Marcel Vaillant caracterizó la negociación como el resultado de una economía política compleja entre bloques con ventajas comparativas opuestas. Demostró que la desgravación del 95% anunciada por la Unión Europea resulta engañosa para la canasta de exportaciones del Mercosur debido a la continuidad de cuotas y regulaciones en bienes agropecuarios sensibles. Pese a estas asimetrías, concluyó que el valor fundamental del acuerdo para Sudamérica radica en la incorporación de reglas institucionales de calidad y la modernización de los regímenes normativos.

Sesión 4: Sostenibilidad, desarrollo y territorio

El segundo bloque estuvo centrado en la sostenibilidad, el desarrollo territorial y los sistemas de innovación. Desde una perspectiva crítica, Marc Humbert cuestionó el paradigma tradicional de crecimiento basado en el PIB y la idea de una abundancia ilimitada. Alertó sobre el impacto ambiental del consumo eléctrico derivado de la digitalización y la inteligencia artificial, así como sobre la expansión de la industria petroquímica, sosteniendo la necesidad de reorientar la producción hacia bienes duraderos y la reducción drástica del uso de materiales fósiles.

Complementando este enfoque, José Antonio Camacho introdujo el concepto de cohesión verde para abordar las disparidades regionales en la transición ecológica. Sostuvo que las políticas ambientales deben adaptarse a la estructura productiva y a las capacidades de cada territorio para evitar que la transición amplifique las desigualdades sociales o territoriales.

En la misma línea, André Torres defendió la economía circular aplicada a la dimensión local, denunciando la exportación de residuos hacia países en desarrollo y abogando por ecosistemas territoriales circulares basados en la simbiosis industrial y la cooperación ciudadana.

Las experiencias de desarrollo regional y sistemas de innovación cerraron el encuentro con diversos estudios de caso. Adrián Rodríguez Miranda expuso los avances en el sector lácteo y quesero de Colonia, Uruguay, donde la densidad institucional y la cooperación local han permitido desarrollar soluciones de economía circular como el uso de efluentes para bioenergía y la transformación del suero.

Sesión 5: Innovación, cambio estructural y desarrollo territorial

Gioacchino Garofoli realizó una revisión histórica del concepto de distritos industriales, destacando cómo la descentralización productiva y el conocimiento local impulsaron el desarrollo en Italia. Por parte de la perspectiva teórica de la economía regional, profundizó en cómo la crisis de la producción fordista masiva en la década de 1970 obligó a replantear el papel del territorio en la teoría económica. Explicó que los distritos industriales no surgieron por planificación centralizada, sino por mecanismos endógenos de aprendizaje práctico y conocimiento tácito acumulado. Subrayó que, para los países en desarrollo o economías del Sur Global, el modelo de distrito enseña que la competitividad sostenible no se basa en el abatimiento de costes laborales o el extractivismo, sino en la autonomía tecnológica de las pequeñas y medianas empresas, la descentralización productiva y la articulación entre saberes locales.

Juan José Carrión presentó un estudio sobre la Denominación de Origen Ribera del Duero en España, destacando la relevancia económica de sus bodegas como motor de desarrollo local, aunque advirtió sobre graves condicionantes como el envejecimiento poblacional, la caída global en el consumo de vinos tintos y las tensiones en los costes de producción.

Por otro lado, Cristina Carrillo Pulido presentó un análisis econométrico sobre regiones europeas que demuestra cómo la calidad de gobierno facilita la producción de conocimiento, mientras que la densidad de clusters empresariales determina su adopción productiva. Un hallazgo fundamental es que un alto gasto en I+D no garantiza resultados económicos si existe un desacople entre la fase de creación de conocimiento y la fase de adopción. Las universidades de excelencia y la transparencia institucional (calidad de gobierno) son determinantes para producir ciencia, pero sin una red densa de clústeres empresariales e intermediarios tecnológicos, ese conocimiento se queda en el ámbito académico sin transformar la estructura productiva regional.

Finalmente, Pablo Galaso analizó la dinámica de las Pymes en Canelones, Uruguay, concluyendo que en economías periféricas la innovación depende en mayor medida de la infraestructura pública relacional y el vínculo con agencias de desarrollo que de la simple colaboración entre empresas pares. El estudio demostró que en entornos donde predominan Pymes de subsistencia y baja productividad, la cooperación horizontal (entre empresas competidoras del mismo tamaño) suele ser escasa debido a la falta de recursos y a la aversión al riesgo. Por ello, la innovación en estos contextos no depende de redes informales entre pares, sino de la "infraestructura pública relacional": el acompañamiento activo de intendencias, agencias de desarrollo regional y cámaras comerciales que actúan como puentes para conectar a las microempresas con nuevos mercados y tecnología.

En síntesis

El encuentro dejó como resultado no solo un intercambio académico muy enriquecedor, sino también nuevas oportunidades para fortalecer la colaboración entre los investigadores de AENL, sus universidades y los colegas e instituciones de Uruguay. La participación activa de estudiantes, docentes y actores de la política pública contribuyó a ampliar y enriquecer los debates, conectando la reflexión académica con los desafíos concretos del desarrollo. Desde la AENL, la FCEA y el Núcleo Interdisciplinario de Desarrollo Territorial Sostenible de la Universidad de la República, agradecemos a todos los participantes de este encuentro internacional, que esperamos constituya un nuevo punto de partida para futuras actividades y colaboraciones.

Mirá las fotos del encuentro en este album.

 

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